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"La disponibilidad nos va haciendo seres más abiertos, más ligeros, más atentos, más libres... En definitiva la disponibilidad es una experiencia de amor, de abrir el corazón para dejarme habitar por Dios y por los demás..."
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La espiritualidad es aquella dimensión de nosotros que nos conecta con aquello que nos trasciende, con la esencia de nuestro ser y con aquello que le da sentido a la existencia. El filósofo español Javier Zubiri da una definición de religión que bien puede aplicarse a la espiritualidad en general. Religión viene de re-ligarse, volver a ligarse, unirse con aquello que nos liga, que nos hace ser, que nos constituye, que nos trasciende.
¿Por qué necesitamos de la espiritualidad? Porque si bien somos seres esencialmente espirituales, podemos negar nuestra dimensión trascendente y vivir la vida desconectados de aquello que nos trasciende y constituye.
Ese esfuerzo por ligarse, por conectarse, por unirse con aquello que nos hace ser, por aquello que nos constituye y con nuestra esencia más íntima, bien puede definirse como un hacernos disponibles a aquello que nos sostiene. ¿Cuáles son los rasgos fundamentales de la disponibilidad?
La disponibilidad es una experiencia de confianza. Hacernos disponibles frente a la Divinidad supone poner mi seguridad y mis desvelos en aquello que nos trasciende, no en nosotros mismos. Por eso mismo un gran signo de crecimiento espiritual es la capacidad de confianza y el ir superando el miedo. En la oración, en la meditación y la contemplación debiéramos ir alcanzando crecientes niveles de confianza e ir apaciguando nuestras ansiedades y angustias.
La disponibilidad es una experiencia de entrega. Hacernos disponibles supone comenzar a alimentarse de las fuentes espirituales que por esencia se encuentran más allá que la búsqueda personal de satisfacción. Quién se hace disponible pone sus esperanzas, sus deseos y sus anhelos en la Divinidad, no en sí mismo. Eso lo llevan a orientar sus energías no al crecimiento del Ego, sino al servicio de aquello que nos trasciende, lo que puede tomar muchas nombres y formas: al servicio de una causa, de valores superiores o de las demás personas.
Como consecuencia de lo anterior, la disponibilidad es también una experiencia profunda de libertad. La disponibilidad nos va librando de las ataduras de todo tipo, ya sea las adicciones, los bienes materiales e incluso el apego a la propia felicidad. Es lo que algunos llaman el desapego.
Finalmente quisiera destacar que en algunas tradiciones espirituales la disponibilidad hacia la Divinidad pasa necesariamente por una disponibilidad hacia los demás. Es el caso del cristianismo, donde el amor a Dios no se puede separar del amor al hermano. Hacernos disponibles a los demás es una experiencia difícil y hermosa. Supone dejar a otro entrar a mi ser y estar atento a su corazón y necesidades.
La disponibilidad nos va haciendo seres más abiertos, más ligeros, más atentos, más libres... En definitiva la disponibilidad es una experiencia de amor, de abrir el corazón para dejarme habitar por Dios y por los demás, al mismo tiempo que bajar mis defensas, salir de mí mismo para entrar en la morada Divina y en el corazón de los demás.


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